Al César lo que es del César, a los vecinos lo que es de ellos

Quizá sea una manera utópica de entender la política y quizá, como ya he dicho en muchas ocasiones, mi futuro político sea bien corto por hablar sin tapujos y decir las cosas tal y como las pienso. Pero miren como lo miren y critiquen lo que critiquen, yo concibo a todos mis vecinos por igual, ya vivan en el centro, ya vivan en las urbanizaciones, ya lleven a sus hijos a un colegio público o lo lleven a un centro concertado o privado. Todos ellos son vecinos por igual y cumplen con sus obligaciones tributarias, pagando los impuestos que les corresponden. De esa misma manera, si el Ayuntamiento quiere compensar con ayudas a los vecinos por esas obligaciones fiscales que no ha podido rebajar, como es el caso del IBI, lo justo es que todos se vean beneficiados con esa ayuda, es decir, al César lo que es del César y a los vecinos lo que es de los vecinos. En el caso de Galapagar hablo de becas a las familias con hijos en edad escolar, porque ya que no hemos podido bajar el IBI por imperativo legal, hemos querido compensar a las familias con esta ayuda económica.

El debate radica a la hora de establecer una línea divisoria entre quién debe recibir estas ayudas y quién no. ¿Quién establece el grado de necesidad de una familia? ¿Porqué una clase media que hace importantes esfuerzos para ofrecer a sus hijos la educación que desean no puede tener apoyo de la administración?  Sin olvidar que desde el Ayuntamiento de Galapagar se hace un esfuerzo muy grande, desde la Concejalía de Familia y Servicios Sociales, para ayudar a todos aquellos que no pueden costear los gastos asociados a la educación de sus hijos. No seré yo quien establezca distinciones y quien discrimine a mis vecinos, porque mientras yo sea Alcalde todos los vecinos de Galapagar con hijos en edad escolar recibirán una beca de este Ayuntamiento.

Decir también que aquellas familias que eligen una educación privada o concertada para sus hijos, sostienen con sus impuestos (al igual que otros ciudadanos) la educación pública además de costear de su bolsillo otro sistema educativo que prefieren para sus hijos. Y quizá lo que no pensamos es que si muchas familias no optaran por la educación concertada o privada, lo que hoy entendemos por educación pública sería insostenible, tanto por el exceso de demanda como por la carencia de recursos. Otro argumento más que constata la necesidad de pensar en todos los ciudadanos sin discriminar a nadie a la hora de otorgar ayudas.

Con todo, reitero mi convencimiento de que para ser un buen gobernante hay que  gobernar para todos y cada uno de los ciudadanos más allá de su ideología o condición social.

Daniel Pérez Muñoz, febrero de 2014