De las cacas, las mascotas y sus dueños

Ya se que a muchos les puede parecer algo intranscendental, pero para los que vivimos el día a día de los pueblos y los ayuntamientos, y padecemos los problemas que mas afectan a los vecinos, sabemos que el tema de las heces caninas es todo menos banal.

Uno puede saber que hay personas más o menos cívicas, más o menos respetuosas, pero sólo y únicamente, es consciente de la gravedad de este asunto cuando tiene cifras sobre el papel dignas de un completo estudio sociológico.

Y yo me pregunto: ¿cómo puede ser que en un pueblo como Galapagar, con cerca de 35.000 habitantes, se recojan diariamente 20 kg de heces caninas?; ¿cómo puede ser que sea necesario invertir con el dinero de todos y cada uno de los vecinos, 30.000 euros anuales, 5 millones de las antiguas pesetas, para la limpieza de estos “regalitos” que dejan los dueños de algunos perros?

No cabe en la cabeza de nadie que yo cambiara el pañal de mi hija estando una tarde en el parque y lo dejara tirado en el suelo, porque es mi responsabilidad y, ya que ella no puede recogerlo por sí sola, es mi obligación hacerlo. De la misma manera, salvando las distancias, ocurre con algunos dueños de perros, que son tan incívicos que sacan de casa a sus mascotas para dejar en la calle, en la casa de todos, lo que no quieren para la suya.

Y hablo desde mi experiencia en Galapagar, pero tengo constancia de que todos los municipios madrileños padecemos este mismo problema y también somos muchos los que hemos decidido ponerle freno a toda costa.

Baste como ejemplo el envío postal de las heces a sus dueños en Brunete, el detective privado contratado por Colmenar Viejo o las patrullas de incógnito que en Galapagar llevan en marcha desde hace ya seis meses. Y la verdad es que funciona, que logramos intimidar a este minoritario grupo de incívicos vecinos y al mismo tiempo concienciar de lo importante que es colaborar entre todos en la limpieza.

Pero lo triste es que lo anecdótico se convierte en importante y además urgente. Por ello, se ha transformado en un problema prioritario para los gobiernos municipales, donde a ojos de los vecinos, cuando llega el momento de valorar los principales problemas de una ciudad, la limpieza de las heces caninas se sitúa entre las primeras posiciones de la lista.

¿Qué le pasa a nuestra sociedad? ¿Dónde se han quedado las normas básicas de educación y respeto por los demás, y por lo que es de todos? Una parte de nuestra sociedad se caracteriza por una falta de civismo cada vez más galopante, algo que obliga a las administraciones públicas a incrementar sus recursos tanto económicos como materiales para mantener y limpiar lo que unos pocos ensucian.

Empecemos desde ya a educar en valores y principios a las nuevas generaciones. En ellos pongo todas mis esperanzas, confiando en que nuestros jóvenes tomen buena nota de lo que es o no correcto dentro de unas normas básicas de convivencia y ante todo, que los adultos seamos un buen ejemplo para ellos.

Daniel Pérez Muñoz, abril, 2014