Políticos de marca blanca

Dícese de marca blanca aquella que produce una propia cadena de distribución y que lleva su propio distintivo y etiqueta pero que sin embargo el producto es una copia al que producen otras marcas líderes. Es decir, es más de lo mismo pero con diferente calidad, enmascarado con ventajas como la del precio más económico. Pues en política ocurre lo mismo, denomínese partido de marca blanca a aquella formación que parece surgir de la nada, que alardea de una forma diferente de hacer política, que promete cambios y aires de renovación, pero que sin embargo en lo más profundo de sus raíces son segregaciones por lo general, de otras siglas políticas ya consolidadas.  Y ahora precisamente, cuando las elecciones europeas y las municipales están a la vuelta de la esquina, estos partidos de marca blanca salen de debajo de las piedras con mensajes mesiánicos de salvación para el ciudadano de pie. Dicen que no son políticos, que ellos son diferentes, pero en el momento que formalizan unas siglas y se presentan a unas elecciones, indudablemente son políticos. Y el mayor problema radica en que estos partidos minoritarios sólo son capaces de obtener un pequeño porcentaje de votos y pretenden ser la llave de gobiernos imponiendo sus condiciones leoninas. Baste el ejemplo de Galapagar, donde tradicionalmente partidos con tan sólo un concejal o dos, se han convertido en llave política de gobiernos multipartitos donde sus promesas electorales quedan aparcadas debido a que han de someterse a la tiranía  del “acceso al poder a toda costa”. El resultado son desgobiernos, donde sólo hay cabida para el caos y la desestabilidad. Aquí en Galapagar todavía estamos pagando las consecuencias de los cuatripartitos, etapas negras para la historia de un pueblo donde la diversidad de opiniones y diferencias de intereses entre los partidos gobernantes sólo llevan a la paralización de un municipio. Sin olvidar derroches, falta de inversión y creación de un gran agujero económico donde el único y principal perjudicado es el propio vecino de Galapagar. Por todo ello, es hora de abrir bien los ojos y los oídos, que está muy bien la participación ciudadana en la vida política pero no hay que olvidar que ciudadanos somos todos, el que ahora ocupa una alcaldía pero también el que aspira a ello, del mismo modo que políticos somos todos, el que aspira a serlo y el que lo es actualmente. Lo único que importa es el concepto que cada uno tenga de esta necesaria actividad como es la política, donde lo primero es el servicio al ciudadano y donde no debería haber hay cabida a pactos antinatura donde se pierden principios e ideales con tal de llegar al poder, en perjuicio siempre de los ciudadanos.

Daniel Pérez Muñoz, enero, 2014