Porque sentir nuestra bandera no es de derechas ni de izquierdas

Un centenar de personas se agolpa en torno a la plaza de la Constitución, suena el primer cornetín y el silencio se rompe con la llegada de las Unidades militares de la BRIPAC que irrumpen con su formación ara dar inicio a un acto único en el pueblo de Galapagar. Es la primera jura de bandera realizada en el municipio y si algo ha dejado constancia en todos nosotros, es que en España se siente con orgullo los colores de nuestra bandera, que ser español no nos deja indiferentes y que sentimos pasión por nuestro país. Y no lo digo yo, lo dice la acalorada bienvenida que los ciudadanos dieron a la Brigada Paracaidista, protagonista de este evento; lo dice la mirada entusiasta de todos los presentes; y ante todo, la emoción con la que los 145 jurandos se acercaron a nuestra bandera para mostrar su compromiso, consigo mismo, y con el resto de individuos que forman parte de esta gran nación. Este día, en Galapagar, todos fuimos uno, formando así una España fortalecida y capaz de superar dificultades y baches, independientemente de tintes ideológicos o partidistas.

De esta manera, desde el corazón de la sierra del Guadarrama, se ha elevado una voz alta y fuerte para demostrar que sentirse orgulloso de nuestra bandera y de nuestro país, no es ni de derechas, ni de izquierdas. Es un sentimiento de amor por nuestra tierra, por nuestra gente, por nuestros símbolos y por cada uno de los rincones de nuestra querida España. Y así unidos, desde nuestra individualidad pero con un sentimiento común, lograremos caminar, haciéndolo a través de una fuerza colectiva que todo lo puede.

Yo creo en esa España de la que fuimos testigos el pasado domingo en este pequeño rincón de la patria. Una patria que adquiere su mayor importancia cuando sabemos olvidar lo que nos separa y somos capaces de fortalecer todo aquello que nos une. Este espíritu es el que debe acompañarnos cada día, especialmente ahora, que España se ha convertido en el único rincón de Europa donde la bandera nacional es objeto de recelo; especialmente ahora que quizá nos enfrentemos al periodo de mayor retroceso debido a la grave crisis de conciencia de la identidad española. Y si en Galapagar hemos sido capaces de dejar a un lado prejuicios y resquemores, es señal de que podemos lograrlo, transmitiendo a las generaciones futuras la verdadera importancia de nuestra bandera y mostrando sin vergüenzas ni tapujos que estamos orgullosos por lo que somos, que no es otra cosa, que la nación más antigua de Europa y, muy probablemente, la más antigua del mundo.

Sólo de esta manera, y sólo así, lograremos que, ni ahora ni nunca, nos dejemos amedrentar por unos pocos que pretender desmontar los cimientos de una nación que tantos años llevamos levantando.

 

Daniel Pérez Muñoz, mayo, 2014